Sé lo que llevas en tu carro de la compra

Estuve hablando con ella un rato, tenía un sobrepeso importante. Importantísimo: obesidad mórbida. Sé lo que llevas en tu carro de la compra, le dije. Me miró con bastante escepticismo.
En realidad, ella me manifestó su preocupación por su exceso de peso, y que no tenía la sensación de comer tanto como para haber ganado tantísimos kilos en pocos años. Insistí, toda la culpa la tiene lo que llevas en tu carro de la compra. Más dudas. Empecé a relatar:

Tu compra semanal contiene varias botellas (de dos litros) de refrescos azucarados –silencio-. También bolsas de aperitivos, patatas fritas, ganchitos, fritos, etc. –Agachó la cabeza y continué. – Sueles llevar todo tipo de bollería industrial: magdalenas, donuts, galletas, con y sin chocolate. Y zumos. Compras pizzas prefabricadas, pescado rebozado, hamburguesas, salchichas, embutidos.

Sí a todo y te dejas cosas, fue su respuesta.

El caso de esta persona obedece a un perfil de obesidad concreto. Madre joven, con hijos en edad escolar, trabajadora. Si hubiera sido una persona de más edad, seguramente en su carro de la compra habría grandes cantidades de hidratos de carbono de todos los tipos: legumbres, pasta, arroz, patatas, pan. También aceites y mantequillas, carnes de elevado porcentaje de grasas…  No siempre el origen de la obesidad es el mismo. Os propongo hacer este ejercicio: buscar discretamente a una persona obesa en un supermercado y echar un vistazo a lo que compra. Y en otra ocasión, ver a una persona con un peso más o menos normal, y ver su compra semanal; Este es un deporte que practico a menudo: adivinar cuáles son los chavales que montan una fiesta, los que se compran la merienda un día entre semana. Observar qué comen personas de nacionalidades distintas, las personas mayores, familias con niños pequeños…

Se podría escribir todo un tratado de sociología sólo viendo qué es lo que se introduce en el carro de la compra. Por supuesto, es una visión muy general, puesto que no sabemos para cuántas personas están comprando, ni si es la compra diaria, semanal o mensual. Pero con un poco de criterio, se saca mucha información.

Si lo que llevas en tu carro de la compra tiene el 90% de productos frescos, lo más lógico es que tu dieta sea más saludable. Para una familia de 4 miembros, por ejemplo, la compra semanal debería incluir:

  • Hortalizas para preparar ensaladas: lechuga, endivias, cogollos, rúcula, tomates, pepinos…
  • Verduras de hoja (ricas en vitamina A y en hierro) verde, al menos de tres tipos distintos: acelgas, espinacas, col…
  • Otras hortalizas: brócoli, borraja, calabaza, calabacín, puerro, zanahoria, patatas, cebollas, ajos…
  • Frutas de varios tipos. Las propias de la temporada. Mínimo 8 piezas diarias (dos por persona), para cada día, son 56 piezas, entre 10 y 12 kilos de fruta por semana.
  • Legumbres, pastas y arroz.
  • Carnes y pescados, para unas 10 comidas semanales*. Huevos
  • Leche y derivados lácteos. Las cantidades varían un poco en función de las edades de los componentes de la unidad familiar.
  • Aceite de oliva, vinagre y otros condimentos. Mantequilla
  • “relleno” de bocadillos: preferentemente magros, como jamón serrano, jamón york, jamón de pavo. También quesos, atún, sardinas de lata. Excepcionalmente, algún embutido tipo chorizo, sobrasada, etc.

*El cálculo de los “segundos platos” lo he hecho considerando que la semana tiene 7 días, con una comida y una cena, y he descontado los días se se come suele huevo (entre 2 y 3) y un día en el que se haga un plato único, que suele ser el de las legumbres.

Con estos alimentos se cubren las necesidades de una familia. Todo lo demás que se adquiera es prescindible. Seguramente tu compra semanal incluya algunos dulces, como mermeladas, galletas, cafés, azúcar, chocolate… El consumo de este tipo de productos tiene que ser moderado. Siempre que sea posible, es preferible que la bollería la hagas tú en casa: evitarás grasas no recomendables, exceso de azúcares y disfrutarás del sabor de un bizcocho recién horneado, que no puede compararse con ninguno de los que tiene una etiqueta que dice Casero o Recién hecho.

Del mismo modo, tú puedes preparar tus albóndigas, una salsa bechamel, unos libritos de lomo, o una salsa de tomate con hortalizas. Es cierto que eso requiere tiempo, pero si no se dispone de tiempo siempre es preferible recurrir a una preparación más sencilla que “tirar” siempre de comida prefabricada.

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