Pequeños cambios en tu cocina

Voy a tratar de explicarte pequeños cambios en tu cocina, en la forma de preparar algunos platos y nuevos hábitos, que te ayuden a comer de forma más saludable. Durante la consulta de nutrición, la parte más importante consiste en recabar información acerca de cómo se están haciendo las cosas antes de empezar y sugerir modificar únicamente aquello que está mal, para interferir lo mínimo posible en la vida de la persona que solicita ayuda. En la mayoría de las ocasiones me doy cuenta de que apenas algunas rutinas de cocina, repetidas a diario, han provocado un aumento de peso importante.

Convierte tu alimentación en más saludable con algunos sencillos cambios en tu cocina:

  • Cambia los aperitivos de siempre por aperitivos saludables. Lo hemos hablado aquí. En lugar de patatas fritas y quesos grasos puedes utilizar tomatitos cherry con queso fresco, espárragos, mejillones al vapor…
  • Verdurea tus salsas. Si tu familia tiene reticencias para consumir verduras, utiliza las salsas con las que cocinas la pasta, que suele aceptarse por todos, para introducir vegetales, como el calabacín, el pimiento, la zanahoria, el puerro, espinacas… No obstante, recuerda que una comida equilibrada debe contener siempre una gran porción de vegetales, así que introducir esos alimentos de forma progresiva será la clave para mejorar tu forma de cocinar.
  • oro líquido
    Aceite de oliva

    Racionaliza el consumo del aceite. El aceite de oliva virgen extra es la mejor baza de nuestra dieta mediterránea. Nos protege de las enfermedades cardiovasculares, previene el estreñimiento, potencia el sabor de los alimentos, es el mejor para freír porque se volatiliza menos, puedes optar por variedades con distintos grados de acidez para cada tipo de preparación… y está de muerte, ¡qué te voy a contar! Es el oro de la dieta. ¿Recuerdas el cuento del Rey Midas, que todo lo que tocaba lo convertía en oro y entonces su hija se transformó en oro? Pues si te pasas de cantidad de aceite, la energía que no consumas la vas a transformar en grasa corporal. ¿Cuánto aceite puedes consumir? La recomendación mínima, según la Agencia Europea de Seguridad alimentaria, sería de 20 ml, y llegar hasta 40 o 50ml garantizarían un consumo adecuado, en función del gasto energético individual.

    Formas de reducir el consumo de aceite:


Hornear en lugar de freír. Si te gustan los rebozados, puedes cocinarlos en el horno en una bandeja forrada con papel de hornear.
Añadir agua a los sofritos para que se hagan estofados y no precisen tanta cantidad de aceite.
Cocina las verduras para tortillas en el microondas. Necesitas un plato grande, laminar bien finas las verduras y cocinarlas en el microondas a máxima temperatura con un chorrito de aceite durante el tiempo necesario. Cada dos minutos puedes darles la vuelta y comprobar si están al punto.
Utilizar un spray de aceite para “pintar” la plancha, contar las cucharadas de aceite con que aliñas la ensalada, utilizar un aceitero con el orificio de salida pequeñito.

  • Cambia la nata por leche evaporada. La leche evaporada aportará cremosidad  a tus preparaciones sin el gran aporte de grasa que contiene la nata.
  • Erradica el queso-con-todo o el ketchup-con-todo. No tanto porque sean nocivos  (nada con moderación lo es) sino porque debemos aprender a disfrutar de todos los sabores de los alimentos.
  • Elabora tus propios alimentos. Los prefabricados siempre contienen mayores cantidades de grasas, sal y conservantes. Hacer masa de pizza cuesta cinco minutos (más un ratito para levar la masa). Puedes hacer albóndigas y congelarlas, nuggets de pollo, (luego los cocinas en el horno y evitas freír.

Es cierto que cocinar toma su tiempo, pero la mejor alimentación es, casi siempre, la más sencilla, la que utiliza productos naturales, de temporada y mejor si son de proximidad. Comemos cuatro veces al día, habría que tomar el tiempo que merece preparar la comida.

Si te apetece, puedes dejar en comentarios tus trucos para comer más sanos.

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