Cuándo hay que desconfiar de una dieta

Una de las advertencias que queremos hacer a las personas que acuden a la Consulta de dietética con la esperanza de que les quitemos el peso de encima sin hacer esfuerzo alguno es que nosotros no tenemos la capacidad de realizar milagros, muy a pesar nuestro. Es más, debemos desconfiar de una dieta que prometa lo contrario.

Perder peso es un proceso, no existe en el mercado una fórmula mágica que nos haga desaparecer la grasa corporal y lucir estupendos y que se nos encoja la piel sobrante y que además no pasemos hambre y que no tenga efectos nocivos para nuestra salud. Perder peso muy deprisa pone en riesgo nuestra salud.

Cuando la disminución de peso es brusca tenemos que tener en cuenta que, lo primero que se pierde es agua. Mucha agua. El sistema circulatorio y renal fuerzan su capacidad movilizando todo el líquido posible para eliminarlo y el equilibrio de los iones de sodio y potasio puede quedar alterado.

Perder 1 kilo de grasa corporal (es lo que nos sobra, no queremos deshacernos de los músculos o del fémur, por ejemplo), supone haber comido 8000 calorías menos de las que hemos gastado. Eso requiere, por fuerza, un tiempo razonable. Pongamos un ejemplo. Una persona por su talla y peso y con una actividad física moderada necesita ingerir 2200 calorías y su dieta es de 1800 calorías diarias, para dejar de ingerir las 8000 calorías de ese kilo de grasa necesitaría 20 días.

2200-1800=400 calorías en un día
8000/400= 20 días

Si su dieta es de 1500 calorías, perdería 1 kg de grasa en algo más de 11 días. Si es de 1200 calorías, en 8 días se puede perder esa grasa. Un kilo, ¡no cinco!

Hay que desconfiar de una dieta demasiado baja en calorías. Se desaconseja mantener mucho tiempo una dieta por debajo de 1200 calorías, es muy complicado alcanzar el equilibrio saludable de nutrientes y siempre se debe tener un control médico para evitar problemas.

Perder peso implica la movilización de los depósitos de grasa, que es el peso que queremos perder. Obviamente a nadie se le ocurre eliminar su masa muscular y dejarse la grasa, claro está. Nuestra naturaleza hace que una algunos aminoácidos de las proteínas, los llamados aminoácidos esenciales no pueden ser producidos por nosotros, debemos tomarlos en la dieta. Si la cantidad de proteína no es suficiente, vamos a destruir la masa muscular, y la pérdida de peso no será lo que esperábamos. Pero en nuestro entorno el ayuno no suele ser el enemigo, la peligrosa moda de las dietas hiperproteicas sí. Eliminar completamente los hidratos de carbono de la alimentación y hacerlo a costa de un alimento proteico obliga al hígado a conseguir glucosa de la grasa depositada. Eso es deseable, ciertamente, y en cantidades moderadas nos ayuda a perder peso. Pero obtener toda la glucosa por este método hace que el hígado trabaje de forma forzada, y la presencia de cuerpos cetónicos en tales cantidades puede producir alteraciones en la conducción cardíaca, se pueden despertar alteraciones metabólicas latentes por el exceso de acidosis e incluso daños cerebrales. Además, el exceso de proteínas, cuyo nitrogeno se ecpulsa principalmente por la vía urinaria hace que también el riñón trabaje de forma forzada.

Les remito a este artículo  en el que podrán leer la opinión de los Dietistas-Nutricionistas sobre las dietas hiperproteicas.

Como agravante, seguir una dieta temporal que, tal vez, nos ayude a perder mucho peso, no significa que nos haya enseñado a comer mejor, por lo que, al finalizar, recuperaremos los malos hábitos que ya nos hicieron ganar peso la primera vez y que, con total seguridad, nos hagan recuperar el peso perdido con algo de propina.

Por tanto, también debemos desconfiar de una dieta que no sea equilibrada.

En definitiva, si quieres adelgazar te recomendamos:

Reducir las cantidades de los alimentos más calóricos y de todo aquello que se ingiere fuera de las comidas principales del día, es decir, no picar entre horas.

Consumir frutas y verduras frescas, pescado azul, cereales y legumbres, como base de la dieta y poca cantidad de carnes rojas y grasas y azúcares (dieta mediterránea)

Desconfiar de una dieta

Realizar un ejercicio físico moderado de forma habitual. Caminar, subir y bajar escaleras, aparcar el coche lejos, jugar, pasear y, si puedes, algún deporte que implique movimiento activo.

Beber suficiente agua.

Si lo necesitas, consulta a un nutricinista que te acompañe. Nosotros podemos asesorarte si no sabes cómo hacer bien tu dieta.

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