¿Comes por ansiedad?

¿Te cuesta combatir la ansiedad por comer cuando estás haciendo dieta? ¿Te aterroriza pensar que no podrás superar la tentación de abrir la despensa y terminarte ese chocolate que parece gritar tu nombre? ¿Tienes niños en casa y eso implica tener a tu alcance alimentos que no te convienen?

Tu Web de Nutrición tiene dos noticias estupendas para ti:

La primera: no te ocurre nada raro, no has hecho nada malo. Lo que te sucede no deja de ser una prolongación de la forma de resolver los problemas que aprendemos desde que nacemos. ¿Cómo calmamos a un bebé que llora? Dándole de comer o poniéndole un chupete. Es cierto, los movimientos de succión calman al bebé. En inglés se le llama pacifier al chupete, como si le llamásemos en español “apaciguante”. Introducir comida en nuestra boca nos calma.

imageA menudo, para convencer (sobornar es una palabra demasiado estricta) a un niño se le ofrecen caramelos.  Comemos cada vez que reunimos a los nuestros, cada vez que somos felices. Y ese patrón, aprendido desde la cuna, continúa en la edad adulta: sentimos ansiedad y eso nos impulsa a comer, porque eso nos hace sentir más tranquilos, para combatir la tristeza o el aburrimiento. Si, además, lo que nos introducimos en la boca es dulce –como la leche materna- el efecto apaciguador que nos produce la comida es todavía mayor. En resumen, el modelo ansiedad-introducir algo en la boca, nos viene inculcado desde el inicio de nuestra existencia.

La segunda buena noticia es que tiene solución. Para ello debemos buscar mecanismos que no requieran comer para calmar la ansiedad.

Cuando estamos haciendo una dieta, nuestro organismo, llamémosle animal, detecta que está padeciendo una agresión. Tengamos en cuenta que la finalidad de cualquier ser vivo es mantenerse con vida y reproducirse (en segundo término, lo primero es mantenerse con vida).

Si la dieta que realizamos es excesivamente restrictiva, excluye algún tipo de nutriente o no se adapta a nuestro patrón de vida y nos obliga a tener periodos de ayuno excesivo, nuestro cuerpo sufre un estrés real: detecta un peligro para la continuidad de la vida (el cerebro reptiliano siempre ha gozado de grandes dotes dramáticas) y su objetivo se convierte en OBTENER COMIDA YA. En humano, eso se traduce en un asalto al frigorífico.

Afortunadamente, nosotros contamos también con una parte racional que nos ayuda a mantener un poquito a raya a ese animal que nos habita, y eso es lo que debemos aprender a manejar para gestionar la ansiedad para no ganar peso.

Por esta razón, para no ocasionar un cambio brusco que el sistema  límbico -el nombre real del cerebro reptiliano- en Tu Web de Nutrición pretendemos enseñar a perder peso sin pasar hambre. Por supuesto se deben realizar cambios en la dieta, pero deben realizarse de forma que nuestro cuerpo no lo perciba como una agresión.

Y hay algo más. Debemos aprender a poner nombre a nuestras emociones. Cuando tenemos frío no lo resolvemos bebiéndonos un vaso de agua y cuando tenemos sueño no nos ponemos un jersey para ponerle remedio. Si tenemos ansiedad por los exámenes debemos estudiar, no abrir la nevera. Esa no  es la solución al problema.

Para que tu dieta sea un triunfo te recomendamos, pues:

                💡evitar dietas excesivamente restrictivas

               💡cuando acabes de comer cepíllate los dientes. Te ayudará a prevenir la caries y la comida se hace menos apetecible con el sabor mentolado del dentífrico.

           💡realiza actividades complementarias que te ayuden a gestionar la ansiedad, como el deporte, manualidades creativas, tomarte un baño con esencia de lavanda, o leer un libro.

              💡 tratar de minimizar los factores que te producen la ansiedad: racionalizar los horarios de trabajo, dedicarte el tiempo necesario para cuidarte, evitar utilizar pantallas led antes de acostarte, apagar el móvil cuando necesites estar tranquilo…

                  💡 evita los excitantes como el té y el café y sustitúyelos por infusiones que te ayuden a recuperar tu bienestar, como valeriana, rooibos, tila y melisa.

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              💡 procura no tener a la vista los alimentos a los que recurres cuando pretendes calmar la ansiedad, tanto si sueles escoger dulces como si te van más los salados.

                 💡¿Estás ya en la cocina? Bébete un vaso de agua y si no es la hora de comer, sal de ahí.

Y, por supuesto, si tienes hambre, come un poco, y come sano. Tú puedes hacerlo. Sentir que has vencido la tentación te servirá de refuerzo anímico la próxima vez que sientas esa ansiedad en la boca del estómago.

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